recitaciones

 

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  • Recitación del poema GÉRGAL por su autor W. SADER

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GÉRGAL

(A mi amigo Juan López Soria)

Mirando al sur, yace Gérgal
al pie de Sierra Filabres,
coronada del Castillo
que domina su paisaje.
Desde su risueña vega
hasta sus plazas y calles
cuentan la estirpe agarena
de este pueblecito árabe.
El gergaleño es cordial,
caballeroso y amable:
amigo de sus amigos,
y no enemigo de nadie.

¡Tablas y Puertocarrero!
¡Las Aneas y el Almendral!
¡Caminando hacia la Sierra
por el barranco Labar!

¡Gérgal! ¡Pueblecito alegre,
en donde nació mi padre!
¡Donde yo aprendí a soñar,
entre alamedas y sauces,
a la vera de tu Rambla,
-que cual sierpe se contrae-;
en el verdor de tus pagos...
en tus verdes olivares...
Donde oí, del ruiseñor,
rapsodias inolvidables;
soñando bajo la luna...
oyendo el viento en los árboles...
y adormido al murmurar
del agua clara en sus cauces;
ebria el alma de ternuras
y el corazón de romances.
-¡Suave canción de los grillos
en las noches estivales!
¡Azul fuego de luciérnagas
en los tiernos herbazales!-
Ese silencio de estrellas
que, como lluvia impalpable,
se esparce en la soledad
de tus noches inefables...
¡Prendaron mi corazón!
¡Pueblecito de mi padre!

Mirando al sur yace Gérgal
orlada de sus parrales,
de sus almendros y olivos,
al pie de Sierra Filabres.

               W. SADER

 

  • Recitación del poema LAS FUENTES DE GÉRGAL por su autor W. SADER
     

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LAS FUENTES DE GÉRGAL

(A Juan López Soria; que con su artículo, "Las Fuentes Acuíferas de Gérgal", inspiró estos versos.)

¡Desde la de Venta Luisa...
hasta la de Fuente Santa... !
¡Madre, Las Fuentes de Gérgal
son delicia para el alma...!

Descienden en un rosario
a lo largo de la Rambla
hasta la altura del Pueblo...
donde su trama se ensancha
en un abanico amplio...
y continúan Rambla abajo
a manar en Fuente Santa...

De ellas, las más conocidas
-por su bondad o su fama...-
son... : la de La Merendera,
de Juan Gómez, La Chaparra,
del Toril y del Chortal,
del Cubillo y de Las Viñas,
del Binar y La Raspaja,
Colorá, La Canaleja...
y las Fuentes de sus Plazas...

Las aguas de Gérgal fluyen
sonoras, frescas y claras...
y dan vida a sus olivos,
sus almendros y sus parras...

¡Por La Vega van cantando...
la dulce canción del agua...!
¡Y hacen soñar a las gentes...
que tienen sensible el alma...!

¡Las Fuentes de Gérgal, madre...
son música y esperanza...!
¡Desde la de Venta Luisa...
hasta la de Fuente Santa...!

                                           W. SADER

 

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EL EMBARGO

Señol jues, pasi usté más alanti
y que entrin tos esos,
no le dé a usté ansia
no le dé a usté mieo...

Si venís antiayel a afligila
sos tumbo a la puerta. ¡Pero ya s'ha muerto!

¡Embargal, embargal los avíos,

que aquí no hay dinero:
lo he gastao en comías pa ella
y en boticas que no le sirvieron;
y eso que me quea,
porque no me dio tiempo a vendello,
ya me está sobrando,
ya me está gediendo!

Embargal esi sacho de pico,
y esas jocis clavás en el techo,
y esa segureja
y ese cacho e liendro...

¡Jerramientas, que no quedi una!
¿Ya pa qué las quiero?
Si tuviá que ganalo pa ella,
¡cualisquiá me quitaba a mí eso!
Pero ya no quio vel esi sacho,
ni esas jocis clavás en el techo,

ni esa segureja
ni ese cacho e liendro...

¡Pero a vel, señol jues: cuidaíto
si alguno de ésos
es osao de tocali a esa cama
ondi ella s'ha muerto:
la camita ondi yo la he querío
cuando dambos estábamos güenos;
la camita ondi yo la he cuidiau,
la camita ondi estuvo su cuerpo
cuatro mesis vivo
y una nochi muerto!

¡Señol jues: que nenguno sea osao
de tocali a esa cama ni un pelo,
porque aquí lo jinco
delanti usté mesmo!
Lleváisoslo todu,
todu, menus eso,
que esas mantas tienin
suol de su cuerpo...
¡y me güelin, me güelin a ella
ca ves que las güelo!...

         De  Extremeñas (1902)
                José María Gabriel y Galán


  • Recitación del poema "El Parque de María Luisa" de Juan Antonio Cavestany (1861-1924) por W.SADER.

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El PARQUE DE MARÍA LUISA

Escuche usté, amigo:
¿Ha estao usté en Sevilla?
¿Ha visto usté el parque
de María Luisa?
¿Qué no lo conoce?
¿Qué no ha estao usté allí?

Pues........., usté no sabe
lo que es un jardín.
No, señó;
no lo sabe usté,
se lo digo yo.

El parque - el paraíso - está en la orilla
del río más juncal y más cañí
que hizo Dios, por lucirse haciendo ríos........:
¡el Guadarquiví!.........

El río da la gracia y el salero,
que en eso da lecciones hasta al mar,
porque el mar es más grande, tié más agua........
pero menos sal.

Un cachito e tierra
y un cachito e gloria
se puso a echá flores,
se puso a echá rosas,
claveles y azahares,
y nardos y aromas
(¡vamos, que las plantas
se volvieron locas!),
y salió aquel parque..........

¡Ay, Jesú, qué cosa!......
Como pa er regalo
de una reina mora
o pa que los ángeles
tuviesen alfombra.....

Un mantón de Manila
con mil bordaos,
donde los pajarillos
no son pintaos,
sino de veras......

¡Hay ruiseñó que canta
por peteneras¡

Un mantón que deslumbra
con sus reflejos,
donde las rosas nacen
entre azulejos,
y por hermosas,
también corren las fuentes
sobre las rosas.

¿Quién bordó ese pañuelo
de pedrería?
El sol, el sol bendito
de Andalucía.........

Pañuelo moro
al que dio por flecos
sus rayos de oro.

En fin, que ése es un parque
neto, serrano,
andaluz, con hechuras,
juncal, gitano.....,
¡la maravilla¡
¡El pañolón de flores
de mi Sevilla¡

Pos...., misté una cosa
que no va a creé:
ese jardinillo
lo jiso un francé.

¿Qué tendrá mi tierra
(yo me jago cruses),
que hasta a los franceses
los vuelve andaluces?.....
¿Qué dirá el gabacho
cuando vaya al Boá?........
Esto es cualquier cosa..........
Pa jardín..........., ¡allá¡

El querrá de fijo,
si se va a París,
jacer otro parque
como él hizo allí,
y no va a salirle.....
¡qué le va a salir,
si el sol de su tierra
parece un candil
y a las jembras dicen
madán por gachí!........

Que venga primero,
si quiere lucir,
a aprender el Sena
del Guadalquiví.

Los claveles del parque
de mi Sevilla
se suben ellos solos
a la mantilla.
Con las que en mayo nacen
en su lindero
hay pa cubrir de rosas
el mundo entero.
Ca naranjillo tiene
diez ruiseñores,
y es aquello una orgía
de luz y flores,
cuando entre los rosales
que besa el río
pasa dándoles celos
el mujerío.

Aquello es gloria pura,
que Dios envía...........,
vamos..........., ¡la borrachera
de la alegría¡

To se ríe: las flores,
la tierra, er viento.........

¡Hasta er cielo parece
que está contento¡.........
que el cielo en estas tardes
dice a Sevilla:
¡Buen jardinillo tienes¡........
¡Anda, chiquilla¡..........

Dios mismo es quien t'ha dado
tu pañolón....

¡Vaya si estás serrana
con el mantón¡

¿Y usté no ha estao nunca
en er parque aquel?
Pues usté no sabe
lo que es un vergel........

No, señó:
no lo sabe usté,
¡se lo digo yo¡

JUAN ANTONIO CAVESTANY
 

  • Recitación del poema "La copla" de Manuel Machado (1874-1947) por W. SADER, dedicado a Emilio el de Esperanza (Emilio Carreño Losilla).

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LA COPLA

Hasta que el pueblo las canta,
las coplas, coplas no son,
y cuando las canta el pueblo,
ya nadie sabe el autor.

Tal es la gloria, Guillén,
de los que escriben cantares:
oír decir a la gente
que no los ha escrito nadie.

Procura tú que tus coplas
vayan al pueblo a parar,
aunque dejen de ser tuyas
para ser de los demás.

Que, al fundir el corazón
en el alma popular,
lo que se pierde de nombre
se gana de eternidad.

                              MANUEL  MACHADO 

  • Recitación del poema "Cantares" de Manuel Machado (1874-1947) por W. SADER.

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CANTARES

Vino, sentimiento, guitarra y poesía,
hacen los cantares de la patria mía...
Cantares...
Quien dice cantares, dice Andalucía.

A la sombra fresca de la vieja parra,
un mozo moreno rasguea la guitarra...
Cantares...
Algo que acaricia y algo que desgarra.

La prima que canta y el bordón que llora...
Y el tiempo callado se va hora tras hora.
Cantares...
Son dejos fatales de la raza mora.

No importa la vida, que ya está perdida.
Y, después de todo, ¿qué es eso, la vida?...
Cantares...
Cantando la pena, la pena se olvida.

Madre, pena, suerte; pena, madre, muerte;
ojos negros, negros, y negra la suerte.
Cantares...
En ellos, el alma del alma se vierte.

Cantares. Cantares de la patria mía...
Cantares son sólo los de Andalucía.
Cantares...
No tiene más notas la guitarra mía.

                         Manuel Machado
 

  • Recitación del poema "Muerte de Antoñito El Camborio" del Romancero Gitano de Federico García Lorca (1898-1936) por W. SADER.

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Muerte de Antoñito El Camborio

A José Antonio Rubio Sacristán

Voces de muerte sonaron
cerca del Guadalquivir.
Voces antiguas que cercan
voz de clavel varonil.
Les clavó sobre las botas
mordiscos de jabalí.
En la lucha daba saltos
jabonados de delfín.
Bañó con sangre enemiga
su corbata carmesí,
pero eran cuatro puñales
y tuvo que sucumbir.
Cuando las estrellas clavan
rejones al agua gris,
cuando los erales sueñan
verónicas de alhelí,
voces de muerte sonaron
cerca del Guadalquivir.

Antonio Torres Heredia,
Camborio de dura crin,
moreno de verde luna,
voz de clavel varonil:
¿Quién te ha quitado la vida
cerca del Guadalquivir?
Mis cuatro primos Heredias
hijos de Benamejí.
Lo que en otros no envidiaban,
ya lo envidiaban en mí.
Zapatos color corinto,
medallones de marfil,
y este cutis amasado
con aceituna y jazmín.
¡Ay Antoñito el Camborio,
digno de una Emperatriz!
Acuérdate de la Virgen
porque te vas a morir.
¡Ay Federico García,
llama a la Guardia Civil!
Ya mi talle se ha quebrado
como caña de maíz.

Tres golpes de sangre tuvo
y se murió de perfil.
Viva moneda que nunca
se volverá a repetir.
Un ángel marchoso pone
su cabeza en un cojín.
Otros de rubor cansado,
encendieron un candil.
Y cuando los cuatro primos
llegan a Benamejí,
voces de muerte cesaron
cerca del Guadalquivir.

                         Federico García Lorca 

  • Recitación del poema "La casada infiel" del Romancero Gitano de Federico García Lorca (1898-1936) por W. SADER.

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LA CASADA INFIEL

A Lydia Cabrera y a su negrita

Y que yo me la llevé al río
creyendo que era mozuela,
pero tenía marido.
Fue la noche de Santiago
y casi por compromiso.
Se apagaron los faroles
y se encendieron los grillos.
En las últimas esquinas
toqué sus pechos dormidos,
y se me abrieron de pronto
como ramos de jacintos.
El almidón de su enagua
me sonaba en el oído,
como una pieza de seda
rasgada por diez cuchillos.
Sin luz de plata en sus copas
los árboles han crecido
y un horizonte de perros
ladra muy lejos del río.

Pasadas las zarzamoras,
los juncos y los espinos,
bajo su mata de pelo
hice un hoyo sobre el limo.
Yo me quité la corbata.
Ella se quitó el vestido.
Yo el cinturón con revólver.
Ella sus cuatro corpiños.
Ni nardos ni caracolas
tienen el cutis tan fino,
ni los cristales con luna
relumbran con ese brillo.
Sus muslos se me escapaban
como peces sorprendidos,
la mitad llenos de lumbre,
la mitad llenos de frío.
Aquella noche corrí
el mejor de los caminos,
montado en potra de nácar
sin bridas y sin estribos.
No quiero decir, por hombre,
las cosas que ella me dijo.
La luz del entendimiento
me hace ser muy comedido.
Sucia de besos y arena
yo me la llevé del río.
Con el aire se batían
las espadas de los lirios.

Me porté como quien soy.
Como un gitano legítimo.
La regalé un costurero
grande, de raso pajizo,
y no quise enamorarme
porque teniendo marido
me dijo que era mozuela
cuando la llevaba al río.

                         Federico García Lorca
 

  • Recitación del poema "Pena y alegría del amor" de Rafael de León por W. SADER, dedicada a Emilio el de Esperanza (Emilio Carreño Losilla).

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PENA Y ALEGRÍA DEL  AMOR

A José González Marín

Mira cómo se me pone
la piel cuando te recuerdo.

Por la garganta me sube
un río de sangre fresco
de la herida que atraviesa
de parte a parte mi cuerpo.
Tengo clavos en las manos
y cuchillos en los dedos
y en mi sien una corona
hecha de alfileres negros.

Mira cómo se me pone
la piel ca vez que me acuerdo
que soy un hombre casao
y sin embargo, te quiero.

Entre tu casa y mi casa
hay un muro de silencio,
de ortigas y de chumberas,
de cal, de arena, de viento,
de madreselvas oscuras
y de vidrios en acecho.
Un muro para que nunca
lo pueda saltar el pueblo
que anda rondando la llave
que guarda nuestro secreto.
¡Y yo sé bien que me quieres!
¡Y tú sabes que te quiero!
Y lo sabemos los dos
y nadie puede saberlo.

¡Ay, pena, penita, pena
de nuestro amor en silencio!
¡Ay, qué alegría, alegría,
quererte como te quiero!

Cuando por la noche a solas
me quedo con tu recuerdo
derribaría la pared
que separa nuestro sueño,
rompería con mis manos
de tu cancela los hierros,
con tal de verme a tu vera,
tormento de mis tormentos,
y te estaría besando
hasta quitarte el aliento.
Y luego, qué se me daba
quedarme en tus brazos muerto.

¡Ay, qué alegría y qué pena
quererte como te quiero!

Nuestro amor es agonía,
luto, angustia, llanto, miedo,
muerte, pena, sangre, vida,
luna, rosa, sol y viento.
Es morirse a cada paso
y seguir viviendo luego
con una espada de punta
siempre pendiente del techo.

Salgo de mi casa al campo
sólo con tu pensamiento,
para acariciar a solas
la tela de aquel pañuelo
que se te cayó un domingo
cuando venías del pueblo
y que no te he dicho nunca,
mi vida, que yo lo tengo.
Y lo estrujo entre mis manos
lo mismo que un limón nuevo,
y miro tus iniciales
y las repito en silencio
para que ni el campo sepa
lo que yo te estoy queriendo.

Ayer, en la Plaza Nueva,
—vida, no vuelvas a hacerlo—
te vi besar a mi niño,
a mi niño el más pequeño,
y cómo lo besarías
—¡ay, Virgen de los Remedios!—
que fue la primera vez
que a mí me distes un beso.
Llegué corriendo a mi casa,
alcé mi niño del suelo
y sin que nadie me viera,
como un ladrón en acecho,
en su cara de amapola
mordió mi boca tu beso.

¡Ay, qué alegría y qué pena
quererte como te quiero!

Mira, pase lo que pase,
aunque se hunda el firmamento,
aunque tu nombre y el mío
lo pisoteen por el suelo,
y aunque la tierra se abra
y aun cuando lo sepa el pueblo
y ponga nuestra bandera
de amor a los cuatro vientos,
sígueme queriendo así,
tormento de mis tormentos.

¡Ay, qué alegría y qué pena
quererte como te quiero!

                         Rafael de León